Durante mucho tiempo pensé que si el yoga, la meditación o la respiración no me funcionaban, era porque yo no estaba haciéndolo bien. Y me sentía todavía más frustrada porque yo me dedicaba a eso.
Desde fuera parecía que tenía todas las herramientas. Por dentro, mi cuerpo seguía en tensión, en alerta, con esa sensación constante de no poder descansar del todo.
Con el tiempo entendí algo clave: la ansiedad no es un fallo personal, es una respuesta biológica. Y mientras no entendamos cómo funciona el cuerpo bajo estrés, seguiremos intentando calmarnos desde la mente o con técnicas… cuando el cuerpo va por otro lado.
La ansiedad no empieza en la cabeza, empieza en el cuerpo
Cuando hablamos de ansiedad desde la neurobiología, hablamos de un sistema que percibe peligro, aunque no haya una amenaza real en el presente.
La amígdala —nuestro detector de amenaza— activa el eje HPA (hipotálamo–hipófisis–adrenal). Este eje es el encargado de coordinar la respuesta al estrés: el cuerpo libera cortisol y adrenalina preparandose para sobrevivir y enviando una señal a nuestro sistema nerviosos autónomo para luchar, o huir.
El problema no es que este sistema exista. El problema es cuando:
– se activa con demasiada frecuencia
– o no consigue apagarse del todo
Entonces el cuerpo vive en una especie de estrés de fondo. Aunque “todo esté bien”, internamente hay hipervigilancia, tensión e inquietud.
Y desde ahí, intentar relajarse solo con pensamientos positivos o fuerza de voluntad suele ser insuficiente.
Por qué a veces la meditación o el yoga no ayudan (y hasta empeoran)
Esto es algo que muchas personas viven en silencio.
Te sientas a meditar y:
– tu cuerpo se acelera más
– aparecen pensamientos intrusivos
– sientes frustración o incapacidad
No es que la meditación no funcione.
Es que cuando el sistema nervioso está muy desregulado, quedarse quieta puede vivirse como una amenaza.
El cuerpo aún no siente seguridad suficiente para bajar la guardia. Y entonces aparece esa sensación tan dolorosa de:
“Esto debería ayudarme… ¿por qué a mí no me funciona?”
Aquí es donde entra una mirada informada en trauma: no todo es adecuado para todos los cuerpos en todos los momentos.
La ansiedad son señales, no el problema en sí
Algo fundamental:
la ansiedad no es el enemigo. Es una mensajera.
Los síntomas —opresión en el pecho, nudo en el estómago, inquietud, cansancio extremo, mente acelerada— son señales de que hay algo más profundo que necesita atención.
Muchas veces hay un sistema nervioso que:
– lleva demasiado tiempo en alerta
– aprendió a anticiparse
– no tuvo espacio para descargar o regular
Por eso, trabajar la ansiedad no es solo “calmar síntomas”, sino escuchar qué historia está contando el cuerpo.

Empezar a regular el sistema nervioso: por dónde sí
Desde el trabajo somático no buscamos apagar sensaciones, sino ampliar la capacidad del cuerpo para sostenerlas sin desbordarse.
Algunas claves que realmente ayudan cuando hay ansiedad:
– Desensibilizar poco a poco: reducir el miedo a las propias sensaciones corporales, sin forzarlas.
– Ampliar la ventana de tolerancia: que el sistema nervioso pueda moverse entre activación y calma sin quedarse atrapado.
– Incluir recursos somáticos: orientación, movimiento suave, contacto, ritmo, apoyo externo.
– Trabajar la historia: entender de dónde viene este patrón de activación, no solo qué lo dispara hoy.
Cuando el cuerpo empieza a registrar que ahora no hay peligro, entonces sí, herramientas como la respiración, la meditación o el yoga se vuelven reguladoras y no exigentes.
Ansiedad y sistema nervioso: no tienes que hacerlo sola
Si estás leyendo esto y sientes alivio al ponerle palabras a lo que te pasa, no es
casualidad.
Muchas mujeres viven con ansiedad sin entenderla, creyendo que es un problema
mental o de carácter, cuando en realidad es un sistema nervioso sobrecargado
pidiendo otra forma de acompañamiento.
En mi trabajo acompaño procesos de regulación del sistema nervioso desde el cuerpo,
con una mirada somática e informada en trauma, para que la seguridad no sea una
idea… sino una experiencia sentida.

Si quieres empezar a trabajar tu ansiedad desde esta perspectiva y entender qué le está pasando a tu cuerpo, puedes informarte aquí sobre mis sesiones de trabajo somático.