TRAUMA Y SISTEMA NERVIOSO: LA REGULACIÓN SE SIENTE EN EL CUERPO. Parte I


Antes de comenzar a leer este artículo, te invito a escuchar el audio de mi Bio si no lo has hecho todavía, seguramente te ayudará a entender mejor algunos conceptos de los que hablaré a continuación.

Vamos a comenzar viendo como el sistema nervioso autónomo (SNA, a partir de ahora) se encarga de mucho más que del funcionamiento de la digestión, la respiración y los movimientos involuntarios.


Fue gracias al estudio del trauma y, sobre todo, a la teoría polivagal de Stephen Porges, cuando realmente me di cuenta de la gran importancia que tiene el SNA en nuestra vida, en nuestra forma de entenderla y de sentirla y como un SNA desregulado puede hacer que vivamos temerosos o disociados.

“EL SISTEMA NERVIOSO NO RESPONDE A LOS DESAFÍOS DE LA VIDA DICIÉNDONOS LO QUE SOMOS O QUIÉNES SOMOS, SINO DICIÉNDONOS CÓMO SOMOS” DEB DANA


¿Cómo funciona el sistema nervioso autónomo?

Nuestro SNA es como una base de datos, cuando nacemos somos seres totalmente dependientes y vulnerables, en realidad estamos “a medio hacer”, y será a través de los vínculos y el entorno que nuestro SNA irá almacenando los datos con los que iremos reaccionando ante la vida. Es el encargado de nuestro sistema de apego, de la sensación de seguridad y conexión, y podríamos considerar que es la base sobre la cual se construye nuestra experiencia de vida.

Nuestro cuerpo está siempre reconociendo el entorno y a las personas con quienes interactuamos reconociendo las señales de seguridad o peligro para dar una respuesta inmediata ante lo que percibe amenazante (real o imaginario) y esto dependerá de esa “base de datos.”

Este SNA, está formado por una parte por la rama SIMPÁTICA, que está diseñada para hacer frente a una situación amenazante. Cuando nuestro sistema percibe un peligro RESPONDE con una alta carga de energía y pone en marcha el sistema de lucha o huida. Activará el eje HHS (hipófisis-hipotálamo-adrenal) aportando una carga de adrenalina y cortisol, que son las famosas hormonas del estrés, a nuestro organismo preparando nuestro cuerpo para la acción.

Esta respuesta está diseñada para hacer frente a un peligro puntual y una vez resuelta la amenaza poder después descargar toda la tensión requerida, pero lo que ocurre muchas veces es que la situación no es puntual y se convierte en habitual, el peligro ya no es un depredador o un coche que se abalanza a toda velocidad, sino una pareja violenta, un acosador en el colegio o una experiencia temprana con un entorno familiar disfuncional, entonces nuestro sistema no puede descargar, entiende que el peligro no ha cesado y comenzamos a experimentar sensaciones abrumadoras aun cuando el peligro no está presente.

Cuando la activación simpática empieza a ser frecuente nuestro cuerpo permanece en alerta, hipervigilante en busca de posibles peligros, secretando cortisol y haciendo difícil sentirnos seguros y estar quietos, es como si algo nos dijera «muévete»…podemos sentir ansiedad, ataques de pánico, ira, problemas de sueño, tensión muscular crónica, bruxismo, dolores de cabeza…nos asustan los sonidos fuertes, nos encoge un movimiento inesperado o se nos hace terriblemente difícil estar relajadas y confiar en alguien.

Sentirte abrumado, inquieto o congelado son estrategias de supervivencia

Hay que recordar que estas respuestas son totalmente autónomas, que suceden por debajo del pensamiento y que no las elegimos. Imagina que ante el ataque inminente de un hipopótamo te pararas a pensar que sería más apropiado hacer en ese momento…seguramente te mataría antes de que pudieras reaccionar. Tu cuerpo decide. Por eso muchas de las sensaciones que experimentas no se solucionan solo queriendo cambiar desde el pensamiento, hay toda una fisiología detrás, una trama compleja que además configura nuestra percepción del mundo, un sistema que está congelado y fijado en una respuesta de supervivencia.

Quizá has llegado a creer que eso que sientes es lo normal o que hay algo mal en ti. Déjame decirte que no es así , que eso que experimentas tiene sentido y es una forma amorosa en la que tu cuerpo trata de cuidarte y que puede transformarse trabajando desde lo somático. Reorganizar el SNA es el primer paso para restaurar la sensación de seguridad interna. Ahí es donde empieza la transformación.

TRAUMA Y SISTEMA NERVIOSO: LA REGULACIÓN SE SIENTE EN EL CUERPO. PARTE II

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